August 9th, 2010
El sueño de la muerte (o la muerte es sueño)
Después de notar que yo estaba simultáneamente feliz y lúcido, una conjunción no sólo rara sino imposible, ella también quiso sentir lo mismo. Traté de esconder mi sorpresa cuando sentí cómo retrocedía ante mí, extrañada de ver tanta tranquilidad en el rostro de un hombre que está a punto de morir.
“Siempre parecen tan serenos…” dijo, como si hablara para sí misma.
“Todos dan esa impresión cuando los veo atravesar por el último instante de sus vidas. Después del miedo y las súplicas desesperadas por un poco más de tiempo, todos los hombres se extinguen con el mismo gesto en sus caras, como si hubieran encontrado lo que siempre buscaron mientras existieron.”
“¿Será la resignación?” me animé a replicarle, en medio de la angustia y la sorpresa. Aún no podía creer que la Muerte se encontrara aquí, frente a mí, ya no tan resuelta a llevarse mi vida e incluso con ánimo para conversar un poco, como si todo lo que estaba a punto de morir en el mundo pudiera esperar por unos cuantos minutos más.
“No. Yo he recorrido todos los lugares tantas veces que no recuerdo ya lo que es el asombro, ni percibo el paso del tiempo. He sido eterna observadora de la humanidad entera, he estado entre ustedes tanto tiempo que ya nada me sorprende. Lo he visto todo, lo he entendido todo, pero la felicidad con la que todos terminan rindiéndose ante mí ha sido lo único que no he sido capaz de explicarme.”
“Se necesita vivir para saber qué se siente dejar de hacerlo. Y yo no estoy viva. Necesito no estarlo para no necesitar de mí. Pero entre más vidas me llevo, más me intriga saber por qué soy yo la causa de tanto sosiego. Hasta quisiera tener una vida que quitarme.”
Yo me creía con tantísima suerte. ¿Acaso cuántos hombres habrán podido conversar con la Muerte, y más aún, despertar en ella la curiosidad sobre la maldición de ser mortal? ¿Cómo es posible que este gesto involuntario ante el descanso eterno había logrado que ella, por primera vez desde los millones de años que lleva como antagonista de la vida, se detuviera por un momento? Incluso llegué a pensar que había sido el primer hombre que había logrado que la muerte lo perdonara.
Y Allí permanecía ella, despojada de todo lo que la hacía temible y deseando, ella misma, morir.
Impulsado por aquel pequeño triunfo que había sentido desde mi último pensamiento, y con un poco de sorna, me atreví a decirle: “Eso te pasa, Muerte, por no tener un alma”, aunque inmediatamente me arrepentí de mi descaro. Ella levantó la mirada, y pude ver que sonreía. Se arrojó hacia mi cuerpo, aferró mi cabeza con sus manos, me dio un beso y a partir de ese momento nunca pude volver a sentir el calor en mi propio cuerpo.
“No parece ser un problema ahora” Me dijo con el mismo tono burlón que yo había usado hace unos segundos. “No para mí, al menos”.
Extendí mis brazos hacia ella, pero al tocarla se desplomó en el suelo, y entre la severidad de su rostro pude ver por primera vez ese gesto de infinita calma que nunca he podido descifrar.
![[de·li·ri·um]](http://delirium.vehemencia.net/wp-content/themes/bliss/images/title.png)